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La contaminación química: una amenaza silenciosa para los carnívoros

Ecotoxicología
La contaminación química: una amenaza silenciosa para los carnívoros

La exposición de los carnívoros silvestres a altos niveles de contaminación química puede asociarse a un menor éxito reproductivo y/o menores probabilidades de supervivencia, lo que puede ser causa directa o indirecta del declive de algunas poblaciones


Los carnívoros silvestres –nos referimos a las especies de mamíferos que pertenecen al orden taxonómico Carnivora– son fundamentales para el mantenimiento de los ecosistemas y la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, muchas especies han experimentado declives poblacionales importantes a lo largo del último siglo y actualmente se encuentran amenazas. Como no podía ser de otra manera, las causas más frecuentemente alegadas como responsables de estos declives se relacionan directa o indirectamente con la actividad humana, destacando la pérdida de hábitat, la disminución de la disponibilidad de sus presas, la persecución humana o el cambio climático. Pero hay una fuerza antropogénica más que puede comprometer la conservación de los carnívoros silvestres y que suele ser subestimada: la contaminación química. A parte del envenenamiento intencionado, los carnívoros pueden estar expuestos a altos niveles de contaminación ambiental a través del fenómeno de biomagnificación, ya que como depredadores se encuentran en eslabones superiores de las cadenas tróficas. A pesar de ello, la exposición a sustancias potencialmente tóxicas es raramente evaluada en el contexto de los programas de gestión y conservación de estas especies.

La contaminación química puede constituir una grave amenaza para la conservación de los carnívoros silvestres.

 

Durante los últimos meses, hemos trabajado con el Grupo de Toxicología de Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC – CSIC, UCLM, JCCM) en una mini-revisión científica, en la que repasamos brevemente los casos de estudio más relevantes que han permitido identificar la exposición a contaminantes químicos como una de las causas antropogénicas que puede comprometer seriamente la conservación de los carnívoros. A lo largo de la historia, los esfuerzos de monitorización más importantes se han centrado en el estudio de la exposición y efectos tóxicos de los contaminantes persistentes orgánicos –conocidos como POPs por sus siglas en Inglés (Persistent Organic Pollutants)– y el mercurio (Hg) –en forma del tóxico metilmercurio (MeHg)– en varias especies de carnívoros acuáticos, tanto marinos (p. ej.: leones marinos y osos polares) como fluviales (p. ej.: nutrias y visones); y en el estudio de los rodenticidas anticoagulantes en diversas especies de carnívoros terrestres (p. ej.: zorros, coyotes, mustélidos como la garduña, la comadreja o el armiño; linces y pumas).

Los esfuerzos de monitorización a largo plazo más importantes se han centrado en el estudio de la exposición y efectos tóxicos de los POPs y el MeHg en varias especies de carnívoros acuáticos y en el estudio de los rodenticidas anticoagulantes en diversas especies de carnívoros terrestres.

 

Estos trabajos se desarrollaron gracias a programas de monitorización ambiental a largo plazo, tanto de la contaminación como del estado poblacional de diferentes especies de carnívoros usadas como “especies centinela” –que son aquellas que advierten riesgos para la salud ser humano–. En ellos se evaluaron tanto los niveles de exposición a los contaminantes químicos como los efectos que causaban sobre la salud de los animales, así como sus repercusiones a nivel poblacional. Gracias a estos trabajos, hoy sabemos que los carnívoros pueden estar expuestos a niveles de contaminantes químicos lo suficientemente elevados como para provocar trastornos reproductivos o de comportamiento, mayor susceptibilidad a padecer enfermedades y, en definitiva, menores probabilidades de supervivencia ante las diversas dificultades antropogénicas o naturales a las que se enfrenta la fauna silvestre en su día a día, lo que puede tener implicaciones significativas a nivel poblacional.

Las muestras de sangre, heces, pelo o tejidos internos como el hígado, los riñones o la grasa, son de gran utilidad para evaluar la exposición de los carnívoros a la contaminación ambiental. Además, algunas de ellas permiten determinar biomarcadores de efecto, lo que posibilita relacionar la exposición a la contaminación con los efectos que ello implica sobre la salud de los animales.

 

La constatación de que la contaminación química puede ser causa directa o indirecta del declive poblacional de ciertas especies de carnívoros ha contribuido a la implantación de regulaciones internacionales y nacionales para limitar la emisión antropogénica de POPs y Hg y el uso de rodenticidas anticoagulantes. Sin embargo, el problema está muy lejos de desaparecer, no solo por la alta persistencia de los contaminantes que liberamos al medio ambiente en el pasado, sino también como consecuencia de los que seguimos y seguiremos liberando debido a la “intensificación química” a la que nos conduce la economía global. Por lo tanto, es necesario destinar esfuerzos a la monitorización de la contaminación ambiental a largo plazo, así como a la evaluación de sus efectos sobre las poblaciones de fauna silvestre. Los carnívoros son ideales para ello por su posición en las cadenas tróficas, ofreciéndonos una perspectiva global del estado de salud de los ecosistemas, por lo que deberían ser incluidos en los programas de vigilancia ambiental de la contaminación. Dichos programas no solo deberían prestar atención a los POPs, el Hg y los rodenticidas anticoagulantes, sino también a otros muchos tipos de contaminantes químicos cuya incidencia sobre las poblaciones de carnívoros silvestres ha sido mucho menos estudiada hasta la fecha.

Resumen gráfico del trabajo de investigación.

 

Puedes consultar la publicación científica de este trabajo de investigación en:


 

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