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Los tesoros de Los Palancares y Tierra Muerta (2)

Divulgamos

Segunda parte de nuestro viaje a las entrañas del Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta (Serranía de Cuenca) para descubrir algunos de sus tesoros naturales más apasionantes


En nuestro último artículo comenzamos un viaje por el Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta (Serranía de Cuenca), uno de los espacios naturales más singulares de la Península Ibérica. Descubrimos el porqué de sus nombres, los inmensos bosques de pino negral y sabina albar que pueblan estas tierras, y sus impresionantes árboles singulares. Pero ese viaje no hizo más que empezar…

 

Aves y murciélagos, sus habitantes más notorios

La variedad de ambientes vegetales de Los Palancares y Tierra Muerta implica la presencia en la zona de una abundante y diversa fauna. Los omnipresentes ciervos (Cervus elaphus), gamos (Dama dama), jabalíes (Sus scrofa) y corzos (Capreolus capreolus) campan a sus anchas por los bosques de Los Palancares y Tierra Muerta, los cuales forman además parte del área de distribución del amenazado topillo de Cabrera (Microtus cabrerae). Esta zona de la Serranía de Cuenca cuenta además con la presencia de lepidópteros (el Orden de insectos formado por las mariposas y las polillas) de elevado valor entomológico como la mariposa isabelina (Graelsia isabelae – endémica de España), la niña de nácar (Plebicula nivescens – endémica de España) y la montañesa primaveral (Erebia epistygne, presente en España y Francia, siendo Los Palancares y Tierra Muerta su límite de distribución más meridional).

Pero de entre la fauna presente, destacan sobre todo las comunidades de aves y de quirópteros (murciélagos) por su abundancia y diversidad. Entre las aves, cabe citar a especies rupícolas (las que nidifican en los cortados rocosos) como el avión roquero (Hirundo rupestris), la paloma bravía silvestre (Columba livia), el halcón peregrino (Falco peregrinus), la chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax) y el alimoche (Neophron percnopterus). En los extensos bosques de sabinas y pinos habitan especies como el azor (Accipiter gentilis), el gavilán (A. nisus), el pico picapinos (Dendrocopos major) y el pito real (Picus viridis), además de los abundantes pajarillos forestales que siempre nos acompañan con sus cantos y revoloteos en nuestras rutas, como el piquituerto (Loxia curvirostra), el verderón serrano (Carduelis citrinella), el trepador azul (Sitta europaea), el carbonero garrapinos (Periparus ater), el reyezuelo listado (Regulus ignicapilla) y el herrerillo capuchino (Lophophanes cristatus), entre otros muchos.

Trepador azul (Sitta europaea) trepando por la corteza de un pino

 

Entre los murciélagos encontramos una veintena de especies tanto de hábitos cavernícolas (sus colonias se guarecen en cuevas y grietas del roquedo) como forestales (sus colonias encuentran refugio en los agujeros de grandes árboles), como el murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum), el murciélago pequeño de herradura (R. hipposideros), el murciélago enano (Pipistrellus pipistrellus), el murciélago de bosque (Barbastella barbastellus) y el murciélago ratonero pardo (Myotis emarginatus). Algún día comprenderemos que conservar y fomentar las poblaciones de pájaros y murciélagos son las mejores medidas de gestión forestal para evitar los efectos de la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), tan abundante en los pinares de Los Palancares y Tierra Muerta.

Dibujos de algunas de las especies de fauna más representativas de Los Palancares y Tierra Muerta

 

Uno de sus más valiosos tesoros: el yacimiento de Las Hoyas

Los fenómenos geológicos que durante millones de años condujeron a la formación de estos parajes facilitaron la excelente conservación de una amplia variedad de registros fósiles. De hecho, encontramos en la zona el yacimiento paleontológico de “Las Hoyas” (periodo Cretácico), considerado hoy en día como uno de los más relevantes a nivel internacional. Su registro fósil es increíblemente variado, e incluye plantas, artrópodos (crustáceos, insectos, arácnidos), reptiles (lagartos, cocodrilos, tortugas), anfibios, peces, aves y dinosaurios, entre otros grupos. Por citar algunos casos relevantes, por ser completamente desconocidos hasta el momento, cabe destacar el descubrimiento de 3 especies de aves (Iberomesornis romerali, Concornis lacustris y Eoalulavis hoyasi) que constituyen auténticos eslabones perdidos entre los dinosaurios y las aves, y que corroboran la teoría de que las aves actuales descienden de los dinosaurios; y el hallazgo de “Pepito” (Concavenator corcovatus, “el cazador jorobado de Cuenca”), un dinosaurio carnívoro de 6 metros de longitud que presenta una especie de “joroba” a la altura de la cadera, desconocida en cualquier otro dinosaurio descubierto, y cuya función es aún desconocida. En su conjunto, los hallazgos realizados en Las Hoyas han permitido reconstruir y comprender un momento clave de la historia de la Tierra a través del complejo ecosistema de humedal primigenio que fue la Serranía de Cuenca hace 120 millones de años.

Algunos detalles de "Pepito" (Concavenator corcovatus), el "cazador jorobado de Cuenca" descubierto en Las Hoyas

 

La pregunta del millón, ¿qué son y cómo se formaron las torcas?

Los paisajes como el de Los Palancares y Tierra Muerta, de naturaleza dolomítica y calcárea, son con frecuencia adornados por formaciones geomorfológicas de gran belleza, entre las que destacan formas kársticas como las hoces, los sumideros, las simas y los lapiaces. Pero si hablamos del modelado kárstico propio de esta zona, las protagonistas son las torcas. En el Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta hay un paraje llamado Las Torcas en el que contamos un total de 32 torcas secas, a las que se suman las 14 torcas de Cañada del Hoyo, 7 de las cuales tienen agua de forma permanente (Monumento Natural de las Lagunas de Cañada del Hoyo). Muchas de ellas, especialmente las más abruptas e inaccesibles, son escenarios de leyendas populares, como es el caso de la Torca del Lobo, donde se cuenta la historia de un pastor y un gran lobo que se hacen amigos al guarecerse juntos del frío en el interior de esta torca; y la Torca de la Novia, que recoge la amarga historia de una novia que decidió encontrar aquí la muerte por no poder compartir su vida con la persona que ella amaba.

Plano en relieve de Las Torcas de Los Palancares

 

Si se mira una fotografía aérea de las torcas, cualquiera podría pensar que se trata de cráteres volcánicos o de agujeros provocados por el impacto de meteoritos. Pero la realidad es mucho más sencilla, y no por ello menos impactante. Todo está en las características geológicas del terreno. El término “torca” es un localismo (de posible origen prerrománico) con el que nos referimos a las dolinas, que son depresiones kársticas cerradas de varios metros de diámetro (entre los 40 y los 250 m aprox.), con forma redondeada en superficie y de embudo en profundidad (entre los 20 y los 80 m aprox.), cuyas paredes presentan escarpes verticales (cortados). Estos elementos geomorfológicos fueron entradas de agua al interior del terreno, de modo que el agua que se infiltraba por grietas y cavidades dio lugar a procesos de disolución interna de las calizas y dolomías, lo que provocó el hundimiento de los estratos rocosos superiores por colapso.

Representación gráfica del proceso de formación de una torca

 

Cuando estas depresiones presentan paredes más suaves reciben el nombre de “hoyas”; si son de una extensión considerable (varios kilómetros de diámetro) y bordes más difusos son denominadas “navas”; y si se trata de hundimientos que sobrepasan el nivel freático y acumulan agua en el fondo se llaman “lagunas” (como las Lagunas de Cañada del Hoyo). Una zona con abundancia de torcas recibe el nombre de “torcal” (como el paraje de Las Torcas en los Palancares). Cuando varias dolinas acaban unidas como consecuencia de la acción del agua y el viento reciben el nombre de “uvala” (como el conjunto de Las Mellizas, formado por 3 torcas unidas; o la Torca Larga, formada por la unión de 2 torcas). Existen otros topónimos que hacen referencia a las diferentes formas y tamaños que pueden desarrollar estas depresiones kársticas, como “hoyazo” (una hoya grande), “torcazo” o “torcón” (torcas grandes), “torquilla” o “torquete” (torcas pequeñas).

Torca del Lobo (Los Palancares, Serranía de Cuenca)

 

Hasta aquí nuestro viaje escrito por el Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta. Aunque hay más, mucho más…

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