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Los tesoros de Los Palancares y Tierra Muerta (1)

Divulgamos

Un viaje a las entrañas del Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta (Serranía de Cuenca) para descubrir algunos de sus tesoros naturales más apasionantes


La Muela de Los Palancares y la Paramera de Tierra Muerta (Serranía de Cuenca) constituyen uno de los enclaves naturales de mayor representatividad, singularidad y belleza de la Península Ibérica, lo que les ha valido su declaración conjunta como Monumento Natural.  Solo con esta distinción podemos intuir que se trata de un entorno que alberga elementos de elevado valor medioambiental, auténticos tesoros naturales cuya conservación y protección son de máxima importancia. Con este artículo comenzamos un viaje a las entrañas de este emblemático espacio natural conquense, situado a unos 20 km de la capital, para descubrir algunas de sus historias más apasionantes. ¿Nos acompañas?

 

Estos nombres tan raros, ¿a qué se deben?

Desde el punto de vista geográfico, la zona se asienta sobre una muela, la de Los Palancares (formada durante el periodo Cretácico), y una paramera, la de Tierra Muerta (formada durante el periodo Jurásico). Ambas son los restos de una enorme y antigua superficie de erosión que quedó dividida por el surco excavado a lo largo de millones de años por el Arroyo de la Rambla Verde, afluente del río Guadazaón. La plataforma geológica sobre la que se asientan Los Palancares recibe el nombre de “muela” por ser una superficie amesetada bordeada por escarpes rocosos de gran pendiente (cortados), de modo que tiene la apariencia de una muela. Por su parte, Tierra Muerta se asienta sobre lo que se conoce como una “paramera”, que es igualmente una superficie amesetada pero de mayor extensión que una muela, de bordes más suaves y relieve tabular, en la que abundan zonas llanas y secas semejantes a los páramos.

Plano geográfico representativo del entorno del Monumento Natural de Palancares y Tierra Muerta

 

Debido a que el sustrato geológico de ambas “mesetas” está formado por materiales altamente permeables, las precipitaciones que caen en la zona se infiltran en profundidad (formando grietas y galerías internas) para posteriormente regresar al exterior por medio de cuevas y surgencias (como la de El Boquerón). Este hecho es el responsable de la ausencia de fuentes y manantiales en la zona y la relativa sequedad de sus suelos. Si a esto sumamos el elevado carácter pedregoso de los suelos y la incidencia del viento y otras inclemencias climatológicas propias de este tipo de llanuras, podemos comprender el origen del topónimo “Tierra Muerta”, quizá otorgado por los antiguos pobladores serranos ante las enormes dificultades que encontraban en estas tierras para la práctica de la agricultura. Por su parte, podemos adivinar el origen del topónimo “Los Palancares” si nos fijamos en la increíble rectitud de los abundantes pinos negrales (Pinus nigra) que forman los bosques de la zona, y que son conocidos como “palancas”. Antiguamente (siglo XVII), el término “palanca” hacía referencia a los troncos de los árboles que se usaban para mover las cargas más pesadas de un lugar a otro colocándolos debajo de éstas, para lo que debían ser especialmente rectos y cilíndricos. Este tipo de pinos eran además muy apreciados por la Marina para la construcción de los mástiles de los barcos.

Bosque de palancas en Los Palancares

 

Bosques como estos quedan pocos

Las particularidades edáficas (suelos calizos y afloramientos silíceos) y geológicas de Los Palancares y Tierra Muerta motivan la existencia de formaciones vegetales muy diversas. Los extensos pinares de pino negral o salgareño (Pinus nigra) tan característicos de la Serranía de Cuenca encuentran en los suelos calizos de esta zona una buena representación, siendo sustituidos por el pino rodeno (Pinus pinaster) en los puntos donde afloran los sustratos silíceos. En los fondos umbrosos de las hoces, los barrancos y otras depresiones kársticas encontramos especies vegetales propias de ambientes más húmedos, como el avellano (Corylus avellana), el arce de Montpellier (Acer monspessulanum), el olmo de montaña (Ulmus glabra), el tejo (Taxus baccata), el tilo (Tilia platyphyllos), el mostajo (Sorbus aria) y el acebo (Ilex aquifolium), además de una interesante flora rupícola.

Vista del interior de un pinar de pino negral (Pinus nigra) en Los Palancares

 

Pero si hablamos de los bosques de Los Palancares y Tierra Muerta, los sabinares de sabina albar (Juniperus thurifera) merecen una mención especial por encontrarse aquí los más extensos y mejor conservados de la provincia de Cuenca. Contemplar estos bosques nos transporta a tiempos prehistóricos, pues esta especie de árbol es un auténtico fósil viviente que ha conseguido sobrevivir hasta nuestros días gracias a su capacidad de crecer en terrenos donde, por las condiciones edáficas y/o microclimáticas, no consiguen medrar otras especies. La sabina albar nos permite comprender la importancia de las relaciones ecológicas para la conservación de ecosistemas enteros: se puede decir que esta especie de conífera (su regeneración) depende de ciertas aves para dispersarse y germinar. Concretamente, más del 50% de sus gálbulos (así se llaman las estructuras leñosas que contienen las semillas de la sabina) son dispersados por especies de aves del género Turdus, que en la Serranía de Cuenca está representado por el mirlo común (T. merula), el zorzal común (T. philomelos) y el zorzal charlo (T. viscivorus). Además, al ingerir las semillas, estas y otras aves granívoras facilitan su germinación allí donde depositan sus excrementos… ¡La vida de los sabinares se abre camino gracias a los pájaros!

Sabinar de sabina albar (Junipeus thurifera) en Tierra Muerta

 

Nada tan singular como sus árboles singulares

Otro de los más valiosos tesoros de Los Palancares y Tierra Muerta son sus 7 “árboles singulares”, considerados como árboles excepcionales por su belleza y gran tamaño. Entre los pinos (negrales) se encuentran el Pino Abuelo, el Pino Candelabro, el Pino del Tío Rojo y el Pino del Sumidero, para los que se ha estimado una edad de entre 300 y 500 años, siendo el Pino Abuelo el más longevo. Sus troncos, con un perímetro de 4-5 m, son difíciles de abarcar incluso por varias personas cogidas de las manos haciendo un corro alrededor. Entre las sabinas (albares) se encuentran la Sabina Gorda (también conocida como Sabina de la Majada del Churro), la Sabina Retratá y el Sabinorro, para las que se estiman edades superiores a los 500 años.

La Sabina Gorda

 

El Pino del Sumidero tiene la peculiaridad de encontrarse en un pequeño bosquete que se dejó como reserva de la especie, sin roturar, sin talar, sin explotar, como si se tratara de un valioso testimonio de lo que debieron ser los ancestrales bosques primarios de la zona. Este bosquete se encuentra en un paraje llamado El Sumidero, de ahí el nombre de este majestuoso pino. Se trata de un leve hundimiento del terreno al que van a parar todas las aguas de las inmediaciones, que se sumergen bajo la tierra a través de grietas y pequeñas simas. Un paseo por este bosquete nos convierte en testigos, quizá, de la formación de una futura torca.

El Pino del Sumidero

 

El viaje no ha hecho más que empezar… Aún nos quedan muchos tesoros por descubrir.

¿Quieres descubrir los secretos de la Serranía de Cuenca en un espacio natural tan fascinante como el Monumento Natural de Los Palancares y Tierra Muerta? ¡Embóscate con nosotros a través de nuestras rutas de interpretación de la Naturaleza! >>> 626 89 23 54 | info@azeral.es.